07-nov-2007

El lama español abandona el Tibet


El bebé granadino que saltó a la fama como encarnación de un nuevo lama tiene hoy 22 años y ha renunciado a su destino.


Osel Hita, su nombre real, nació en Bubión (Granada) en 1985. Sus padres, Francisco y María, se habían conocido en Ibiza en los 70, donde también entraron en contacto con el anterior lama, Yeshe. Se convirtieron al budismo, se casaron, y se fueron a la Alpujarra, donde abrieron un centro budista. Tuvieron cinco hijos seguidos, el último Osel.

Unos meses antes había muerto de una dolencia cardiaca el lama Yeshe, a los 49 años. Había que encontrar rapidamente a su reencarnación. Monjes y monjas con cualidades proféticas condujeron al lama Zopa, discípulo y mejor amigo del lama Yeshe, hasta la cuna de Osel.

Sus padres le llevaron a Dharamsala, en el Himalaya indio, para presentarlo ante el Dalai Lama. Había otros diez candidatos, pero Osel pasó todas las pruebas, reconociendo objetos que habían pertenecido al lama Yeshe. Y fue entronizado en una gran ceremonia cuando tenía dos años.

Volvió a Granada con sus padres, sabiendo que debería empezar a prepararse a los cuatro años y a los ocho abandonaría el hogar familiar para irse a vivir al monasterio de Sera. Su tutor era Basili, el primer marido de María, que tenía permiso del lama Zopa para castigarlo físicamente cuando su comportamiento no era el correcto. A los cuatro años, Osel había interiorizado tanto su papel de líder que poco a poco fue subiéndosele a la cabeza. No era extrañó, porque le trataban como un semidiós.

En 1991, Osel ingresa en el monasterio de Sera, donde convive con 4.500 monjes. Aunque tiene un trato especial, con criado y casa propia, la disciplina es muy fuerte. Se levanta a las cinco y media de la mañana, y las jornadas de estudio se prolongan durante 14 o 16 horas. Aunque las matemáticas y las ciencias se le dan muy bien, no son las asignaturas fuertes. La mayoría del tiempo está estudiando caligrafía tibetana, metafísica del vacío... todo basado en el aprendizaje de memoria, que a él le horroriza.

Se hace amigo de un monje australiano que ayuda a Basili en su tutoría, y juntos hacen alguna escapada, por ejemplo, para comer pizza. Pequeños actos de rebeldía que hacen que ambos sean destituídos como tutores. Entonces el carácter de Osel cambia, y se siente tan sólo que con ocho años pide a su madre que le saque de allí. Ni corta ni perezosa, María se presenta en Sera y se lo lleva a pasar el verano a Granada. Para los lamas, fue una pataleta de un niño mimado occidental, y después de una tensa reunión en Londres volvió al monasterio. Eso sí, con la condición de que lo acompañaran su padre y uno de sus hermanos, tener cocinero propio, y que le dejasen jugar a la Game Boy. Pero en realidad, fue el primero de una serie de desencuentros, que se fueron agravando en la adolescencia. Como cuando un año sólo le dieron permiso para estar en España tres días, y burlando a los tutores, él y su madre se escaparon tres semanas. Como represalia, María estuvo dos años sin verle. El matrimonio se divorció, porque Francisco, el padre, era más dócil con los lamas.

Cuando en 2002, las relaciones entre India y Pakistán empeoraron, el lama Zopa recomendó que Osel volviera a España hasta que la situación se calmara. Se reunió con su madre en Ibiza, y allí descubrió la juventud que se estaba perdiendo. Y decidió, con dieciocho años, irse a estudiar a Suiza. Los lamas hicieron público un comunicado anunciando que hasta que no volviera a Sera a reanudar su educación tibetana, no se haría ninguna aportación económica más para su educación.

Ahora, con 22 años, se ha matriculado en una escuela italiana para ser director de cine. Tiene plena libertad para elegir su futuro y su profesión, pero haga lo que haga, está destinado a ser el líder del budismo tibetano en Occidente, y si así lo decide, podrá retomar en el futuro su formación como maestro espiritual.