03/12/2007

Los españoles somos racistas

La reciente agresión en el metro de Barcelona a una adolescente ecuatoriana ha desatado el debate. Los expertos aseguran que este tipo de incidentes son hechos aislados. Pero también alertan sobre una xenofobia más sutil y larvada, que crece al mismo ritmo que la población extranjera en nuestro país.

Cada vez somos más racistas porque cada vez tenemos más posibilidad de serlo. Es lo que dice el profesor Calvo Buezas, director del Centro de Estudios sobre Migraciones y Racismo, que lleva veinte años realizando estudios sobre el tema con jóvenes de 14 a 19 años. Según sus datos, el grupo que genera mayor rechazo es el de los magrebíes, seguido de los gitanos, los negros, los judíos y los latinoamericanos. El 40 por ciento de los jóvenes expulsaría a los moros y un 3 por ciento dice que le daría una paliza a un inmigrante si se lo encontrara por la calle. No todos los violentos pasan del dicho al hecho (si no, estáriamos rodeados por un ejército de matones), pero los jóvenes son fanfarrones y dicen lo que piensan sin censurarse. Sorprende que citen espontáneamente a los judíos cuando su presencia en España es tan marginal. Eso demuestra que el prejuicio no tiene tanto que ver con la realidad, sino con una imagen mental. El prejuicio no es racional, es un razonar equivocado, un estereotipo que se alimenta con chascarrillos, frases hechas y emociones. Otra de las paradojas que han descubierto los sociólogos es que los inmigrantes aprenden en la escuela las mismas fobias que sus compañeros españoles: los marroquíes no quieren a los gitanos, y los gitanos aprender a ser xenófobos contra marroquíes y latinoamericanos.

Entre los adultos, los niveles de intolerancia no son tan altos, pero los grupos que generan sentimientos negativos son los mismos y en el mismo orden. Los mayores saben que deben controlarse y miden más sus palabras. Es el mismo motivo por el que las clases altas y con estudios resultan menos racistas en las encuestas: han aprendido bien cuál es el discurso correcto en esta sociedad. Según el profesor Calvo, los sentimientos de unos y otros son parecidos, pero donde más se manifiesta el racismo y la xenofobia es en las clases bajas porque es donde conviven y compiten por los mismos bienes, los mismos puestos de trabajo, las mismas viviendas, el mismo lugar en la escuela y en la salud pública... Las clases altas sólo se relacionan con los inmigrantes para que les sirvan, tienen que ser muy obedientes y, si no, los echan.

Precisamente por esa tendencia a no mezclarse es por lo que el transporte público, y en especial el metro, se convierte en el epicentro de las actitudes racistas. En el metro coinciden casi todas las clases sociales y absolutamente todas las edades. La proximidad y el contacto físico se vuelven inevitables.

Hay acciones explícitamente discriminatorias, como las que ocurren en el metro, pero también actitudes condescendientes que niegan la complejidad del otro y lo anulan. Del miedo pasamos con demasiada facilidad a la compasión y para muchos inmigrantes la simplificación acerca de quiénes son y por qué han venido es una forma de tratarlos tan racista como las otras.

En España, actualmente hay cuatro millones y medio de inmigrantes, un 10 por ciento de la población, y la tendencia es a seguir creciendo.

Los expertos coinciden en que lo fundamental es invertir en campañas de concienciación que combatan los estereotipos negativos, como, por ejemplo, el que culpabiliza a los extranjeros de los problemas de la Seguridad Social. Es más dinero el que los inmigrantes pagan en impuestos directos e indirectos que lo que se gasta la sociedad en sanidad y educación para ellos, y eso a pesar de los 3.000 millones de euros que ellos mandaron el año pasado en remesas a sus países.

No se puede decir si los españoles somos racistas o no, porque el como decir que los españoles somos adúlteros o borrachos, explica el profesor Calvo. En España hay gente que se emborracha todos los días; otros, una vez a la semana; otros, una vez al año; otros, una vez en la vida. Hay gente que no es racista, otros tienen prejuicios; hay racistas militantes y otros que llegan a ser agresivos. Todos somos algo racistas y algo solidarios. Lo que hay que hacer es educar en la solidaridad y la tolerancia, y eso se logra a través de la escuela, los medios y, sobre todo, los valores que se transmiten en casa. Tras el 11-S la islamofobia creció en todo el mundo, pero después del 11-M en España incluso bajó porque hubo una acción conjunta de todos los partidos, los medios y la sociedad para decir que no es lo mismo ser musulmán que terrorista. El racista no nace, se hace y, por lo tanto, se puede deshacer.
Extraído de XLSemanal

Algunos libros del profesor Calvo Buezas sobre el tema:
Crece el racismo, tambien la solidaridad
La escuela ante la inmigración y el racismo
Los racistas son los otros
¿Espana racista?